Princesas y doncellas adornan la ciudad, hombres aferrados a sus parejas aprietan sus manos como si de allí saliera la fuerza para enfrentar el mundo, millones de papelitos de colores se alistaban para revolotear entre la espesa jungla de concreto y el comercio de un domingo esperaba que la tarde hiciera su aparición. Pero la lluvia amenazaba, su manto gris hacía juego con la verdad pintada de arco iris, al igual que las miradas que juzgaban lo desconocido…, el aferro por justificar una noble causa danzaba a la velocidad del viento que acariciaba del mismo modo, con la misma delicadeza y finura, los cabellos arreglados y los hermosos sueños que nunca mueren ni van a terminar.
