El movimiento GLBT no es solamente un catálogo de diversidades humanas y de sus ocurrencias estilísticas. Es esencialmente una manifestación pública de resistencia resignificadora contra el poder disciplinador de la vergüenza, que nos mantiene callados y quietos, temerosos de no mostrarnos diferentes a lo que marcan las expectativas sociales dominantes. Afrontar la vergüenza es el primer paso hacia el cambio en la cultura y en las relaciones de poder.
